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viernes, 24 de julio de 2026

Lectura al paso de esta semana!!!!

 EL CORAZÓN DEL OVILLO

«Repasar los recuerdos es como tirar del hilo de un ovillo.

La vida es como un ovillo de lana bien enrollado, apretado, redondo. Buscas la pista del hilo escondido, la que está al fondo. La que has dejado suelta para que asome al final. Tomas ese extremo y tiras, y suavemente van desenroscándose las primeras vueltas, las que un día formaron el corazón del ovillo. Tiras y tiras. El hilo se desliza por tus dedos, se desliza áspero o sedoso, depende de su calidad.


Así la propia vida. Me gusta tirar del hilo, y cuántas veces me canso, me agoto y abandono. Otras, no sé dejarlo. Me produce una exaltación especial sentir el roce de lo vivido entre los dedos. Esas variantes en el efecto de los recuerdos dependen de muchas cosas, hasta del día que hace. Con sol, todo parece diferente. Brilla el sol y el hilo corre sin sentir, allá van los momentos alegres, saltan juguetones, ríen entre tus dedos. Pero luego están los días nublados, los cielos amenazadores, la lluvia persistente y monótona, que aísla al mundo de ti y te empuja al último rincón, el más protegido de la casa. Esos días el hilo se desprende de los dedos y ahí se queda, abandonado, responsable de sombras pasadas. Detenido en un hilo de la lana o trabado en un punto difícil del recuento.»                                     

 

                                             
Josefina Aldecoa (La fuerza del destino)

lunes, 12 de diciembre de 2022

Estas vacaciones...qué vas a leer?

 LLegan las vacaciones, el tiempo libre...y el merecido descanso. 

Acordate que aquí, en nuestro ESTANTE DE LIBROS  tenés varios títulos  para disfrutar. Hoy te dejamos éste, Campo de Fresas de Jordi Sierra i Fabra





viernes, 8 de mayo de 2020

“La plapla” de María Elena Walsh.




Felipito Tacatún estaba haciendo los deberes. Inclinado sobre el cuaderno y sacando un poquito la lengua, escribía enruladas “emes”, orejudas “eles” y elegantísimas “zetas”.
De pronto vio algo muy raro sobre el papel.
–¿Qué es esto?, se preguntó Felipito, que era un poco miope, y se puso un par de anteojos.
Una de las letras que había escrito se despatarraba toda y se ponía a caminar muy oronda por el cuaderno.
Felipito no lo podía creer, y sin embargo era cierto: la letra, como una araña de tinta, patinaba muy contenta por la página.
Felipito se puso otro par de anteojos para mirarla mejor.

Cuando la hubo mirado bien, cerró el cuaderno asustado y oyó una vocecita que decía:
–¡Ay!
Volvió a abrir el cuaderno valientemente y se puso otro par de anteojos y ya van tres.
Pegando la nariz al papel preguntó:
–¿Quién es usted señorita?
Y la letra caminadora contestó:
–Soy una Plapla.
–¿Una Plapla?, preguntó Felipito asustadísimo, ¿qué es eso?
–¿No acabo de decirte? Una Plapla soy yo.
–Pero la maestra nunca me dijo que existiera una letra llamada Plapla, y mucho menos que caminara por el cuaderno.
–Ahora ya lo sabes. Has escrito una Plapla.
–¿Y qué hago con la Plapla?
–Mirarla.
–Sí, la estoy mirando pero… ¿y después?
–Después, nada.
Y la Plapla siguió patinando sobre el cuaderno mientras cantaba un vals con su voz chiquita y de tinta.
Al día siguiente, Felipito corrió a mostrarle el cuaderno a la maestra, gritando entusiasmado:
–¡Señorita, mire la Plapla, mire la Plapla!

La maestra creyó que Felipito se había vuelto loco.
Pero no.
Abrió el cuaderno, y allí estaba la Plapla bailando y patinando por la página y jugando a la rayuela con los renglones.
Como podrán imaginarse, la Plapla causó mucho revuelo en el colegio.
Ese día nadie estudió.
Todo el mundo, por riguroso turno, desde el portero hasta los nenes de primer grado, se dedicaron a contemplar a la Plapla.
Tan grande fue el bochinche y la falta de estudio, que desde ese día la Plapla no figura en el Abecedario.

Cada vez que un chico, por casualidad, igual que Felipito, escribe una Plapla cantante y patinadora la maestra la guarda en una cajita y cuida muy bien de que nadie se entere.
Qué le vamos a hacer, así es la vida.
Las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra, ¿no?

“La plapla” forma parte de “Cuentopos de Gulubú”.
Las ilustraciones 1 y 4 son de Jimena Tello y Paula de La Cruz.

miércoles, 6 de mayo de 2020

La Bruja Cereza es la más traviesa...

LA BRUJA CEREZA
ES LA MÁS TRAVIESA;

SE QUEDA EN LA CAMA
Y SE DESPEREZA.
VUELA POR EL CIELO
JUNTO CON SU ABUELO;
HACEN MIL PIRUETAS,
COMEN CARAMELO.
LA BRUJA CEREZA
ES LA MÁS TRAVIESA;
SALTA POR EL PATIO,
CORRE POR LA PIEZA.
CON SU ESCOBA VIEJA,
TODA DESPAREJA,
DEL PISO Y LA ALFOMBRA
LA TIERRA DESPEJA.
LA BRUJA CEREZA
ES LA MÁS TRAVIESA;
TERMINA UNA COSA
Y DESPUÉS LA EMPIEZA.
Y POR PURO JUEGO
ENCIENDE UN GRAN FUEGO;
LO APAGA PRIMERO
Y LO PRENDE LUEGO.
LA BRUJA CEREZA
ES LA MÁS TRAVIESA;
POR SER LA MÁS BRUJA,
¡POR SER TAN CEREZA!
YA LEVANTA EL VUELO
Y ALLÁ, CON SU ABUELO,
SE VA POR EL AIRE,
SE VA POR EL CIELO.

Douglas Wright. Buenos Aires, Argentina
Dibujante, humorista y autor de historias, poesías y juegos para chicos.

miércoles, 29 de abril de 2020

En el día del animal: versos de Jorge Luis Borges, dedicados a su gato Beppo


El gato blanco y célibe se mira en la lúcida luna del espejo
y no puede saber que esa blancura y esos ojos de oro que no ha visto
nunca en la casa son su propia imagen.
¿Quién le dirá que el otro que lo observa
es apenas un sueño del espejo?
Me digo que esos gatos armoniosos
el de cristal y el de caliente sangre,
son simulacros que concede al tiempo
un arquetipo eterno. Así lo afirma,
sombra también, Plotino en las Ennéadas.
¿De qué Adán anterior al paraíso,
de qué divinidad indescifrable
somos los hombres un espejo roto?”


martes, 28 de abril de 2020

Los beneficios de la lectura para nuestro cerebro



¿Sabés que sucede en nuestro cerebro cuándo leemos? en este artículo de la Editorial SM te lo contamos.



Leer supone el ejercicio más eficaz para nuestro cerebro. Ya sabíamos que la lectura es productiva para aprender, ampliar vocabulario, avivar la imaginación o reducir el estrés, pero los avances en neurociencia de los últimos tiempos revelan que además, incluso a nivel fisiológico, leer es una de las actividades más provechosas a nivel cognitivo que podemos realizar.

Cómo lee el cerebro

Como sabrás, nuestro cerebro se divide en dos hemisferios que trabajan conjuntamente, aunque para determinadas funciones, uno de ellos es más eficaz que el otro. Así, mientras el hemisferio derecho, llamado visual u holístico, se encarga de nuestra percepción corporal y espacial y maneja imágenes visuales, el hemisferio izquierdo, llamado lógico o simbólico, procesa la información secuencialmente y controla el lenguaje.

Cuando aprendemos a hablar, nuestro cerebro trabaja con la relación entre la palabra escrita y su sonido al ser pronunciada. El hemisferio derecho es capaz de reconocer palabras enteras, mientras que el izquierdo decodifica las partes de la palabra y su significado. Cuando nos acercamos a las palabras por primera vez, en torno a los 2-3 años, el hemisferio derecho ocupa un papel relevante, aunque más tarde, entre los 5-7 años, momento en que empezamos a escribir, es el hemisferio izquierdo el que toma protagonismo.


Son tres las áreas del cerebro que intervienen en el proceso de leer y en la comprensión de lo que leemos: el área de Broca en el lóbulo frontal, el área de Wernicke en el lóbulo temporal y el Giro angular en el lóbulo parietal.

La primera de ellas controla nuestra capacidad de hablar y se activa siempre que leemos, ya sea en silencio o en voz alta, transforma las palabras en un código auditivo, de ahí que, al leer, tengamos la sensación de escuchar nuestra propia voz mentalmente, excepto las personas sordas de nacimiento, que generan imágenes visuales, y las personas ciegas, que activan un código táctil cuando aprenden Braïlle. Es decir, el cerebro humano es enormemente flexible y capaz de crear distintas vías para interpretar y asimilar la escritura. En cuanto a las otras dos áreas, Wernicke y Giro angular trabajan para que entendamos la sucesión de letras frente a nuestros ojos, descifran el código de la escritura, los fonemas, y lo traducen a sonidos. También se sabe que el Giro angular guarda las palabras completas, ligadas por un sonido o significado similar. En conclusión, cuando aprendemos a leer —de niños o de adultos— se activa el sistema visual para reconocer la grafía y el sistema de habla para reconocer sonidos, y entre ambos consiguen establecer relaciones que nos permiten comprender lo que vemos y darle un significado.






Sin embargo, leer implica mucho más que reconocer signos y otorgarles significado. Está demostrado que la lectura pone en marcha otras regiones cerebrales como si despertaran todos nuestros sentidos. Por ejemplo, al leer términos como perfume o tarta de chocolate, las áreas responsables del olfato y del gusto se activan gracias a nuestra memoria sensorial. Y no solo la sensorial, sino también la emocional cuando nos encontramos con un fragmento de texto que despierta en nosotros alegría o tristeza. En cierta forma, por un lado somos conscientes de no vivirlo en primera persona, pero nuestro cerebro responde sin diferenciar entre realidad y ficción. ¡Fascinante! Además, también se activan otras áreas cerebrales según el género que leemos. Por ejemplo, la poesía pone en marcha regiones relacionadas con percepción y reconocimiento musical, algo que no sucede con la prosa.


Los beneficios de la lectura

No importa el género, el idioma o la longitud, cualquier cosa que leamos con regularidad repercute positivamente en nuestro cerebro.






Ninguna actividad es tan compleja para nuestra mente y a la vez tan satisfactoria y productiva como sentarse a leer. Desde la ortografía hasta el bienestar emocional, la lectura es divertida y saludable.

jueves, 16 de abril de 2020

Leételo....El Avispón Mobupo de Ricardo a Mariño

Un lamento desgarrador recorría toda la planta de Limón:

—BUUUUUUUUUUuuuuuuuuuuuuaaaAAAAAAaaaaaaaahhhhHHHHH.

Este triste alarido pertenecía al renombrado Tito Nicolás Ciempiés, dueño de 50 patas izquierdas y otras tantas derechas. Ese día se festejaba el casamiento de Lulo y Lula Grillo y a él, al Ciempiés, se le había metido en la cabeza –tenía una sola- que debía ir a la fiesta con 100 relucientes zapatos.

Por supuesto que no tenía ni un solo par. Ni siquiera un par de cordones, o media zapatilla vieja. “Soy el bicho más desamparado de esta planta”, se lamentaba revoleando sus cuatro ojos.

En ese momento llegó la Mariposa encargada de repartir las invitaciones. Al darle la invitación, el Ciempiés la rechazó:

-No, no voy. No quiero invitación. Me duele la cabeza, tengo que barrer el gajo Nro. 37, tengo que escribir una carta a mi primo.

Ni bien la Mariposa se fue, él volvió a lo suyo:

—¡Buaaaaahhhh! No tengo ni siquiera 100 zapatos para la fiesta…

El avispón Mobuto, escondido detrás de una hojita, había presenciado la terrible escena. Decidió ayudar a su amigo.

En menos de media hora el Avispón pudo reunir a todo el barrio de la planta (menos, claro, Tito Nicolás Ciempiés).

El Avispón Mobuto puso a consideración el problema de los zapatos.

—¡Qué se dibuje un zapato en cada pie y listo! —propuso una Chinche Verde muy nerviosa porque era la primera en opinar.

—Busquémosle un zapato gigante y que meta ahí todos los pies —dijo la Araña Francisca.

—Yo opino… ¿qué iba a decir…? ¡Me olvidé! —dijo un piojo. Todos rieron.

—¡Qué el Ciempiés lleve un cartel que diga “100 zapatos” —gritó alguien.

—¡No! Que diga “50 zapatos izquierdos y 50 derechos” —opinó sonriendo la Chinche (sonreía porque era la segunda vez que hablaba).

La reunión duró horas. El piojo que habló, por ejemplo, empezó la reunión siendo niño y la terminó adulto. De todas maneras, cuando faltaba poco para la hora de la fiesta, llegaron a un acuerdo.

Ni bien terminó la reunión el Avispón Mobuto voló hasta la casa de Tito Nicolás Ciempiés.

—¿Qué hacés Tito? ¿Cómo te va?

—Me duele la cabeza, tengo que barrer el gajo Nro. 37, tengo que…

—¿Te enteraste de la última? Este barrio está cada día más loco…

—…tengo que escribir una carta…

—A la fiesta hay que ir descalzo.

—…una carta a mi primo… ¿Qué?

—Que a la fiesta hay que ir descalzo.

El que no va así no entra.

—¿Descalzos?

—Sí. Dicen que es la última moda. Son locos…

—Ah… ¿así que está de moda ir descalzo a las fiestas?

—Claro. Pero vos no podés ir…

—¿Cómo? Si yo tengo pies descalzos… ¡Cien tengo!

—Sí. Eso sí. Pero te duele la cabeza, tenés que barrer y la carta.

—¡Pero no, querido! Si la cabeza no me duele más —dijo T.N. Ciempiés mientras empezaba a peinarse el flequillo, entusiasmado—. Además que voy a barrer el gajo 37 si está limpito. Y que le voy a mandar una carta a mi primo si todavía no sabe leer, ¿sos loco vos? Vamos, vamos Mobuto, que se hace tarde.

La fiesta fue un éxito. Había migas de medialuna, miel, polen, medio durazno podrido y otros manjares. Tito Nicolás Ciempiés se sacó una foto bailando un tango con la Chinche Verde y otra foto haciendo muecas con el Avispón Mobuto. Un fiestón.



FIN 


MARIÑO, Ricardo (1993), “Eulato”, Cuentos del pajarito remendado, Bs. As., Colihue.

Ilustración: © José Luís Navarro García

miércoles, 15 de abril de 2020

Leete un cuento...LA LLUVIA, de Amira de La Rosa


A Margarita le entraron unas ganas desesperadas de saber contar.

Le enseñaban con garbanzos y ella se aplicaba:

–Uno, dos, tres... veinte... treinta...

–¿Y ahora qué sigue?

Y así un día y otro. Cuarenta, cincuenta... y ya contaba de corrido hasta ciento. Estaba feliz.

Un día aparecieron nubes en el cielo. Ella se sentó junto a la ventana de su cuarto sin hablar. A todos les extrañó verla con la vista fija sobre los cristales.

Empezó a llover y ella soltó por el aire sus números, los que había aprendido, como si fuesen globos de colores.

–Uno, dos, tres...

Contaba apresuradamente con ansiedad. Apretaba la lluvia y ella casi se ahogaba porque el agua podía más que su ligereza.

–Sesenta... setenta... noventa... cien...

Y soltó a llorar.

–¿Qué te pasa?

–Se me acabaron los números. Ya no puedo contar más.

–¿Qué contabas?

–Eso... eso... Yo quiero saber cuántas gotitas tiene la lluvia.

miércoles, 8 de abril de 2020

Un cuento cada día...Pablo Beransconi

10-9-8


-Base Jiuston.
-Prosiga co mandante.
-Inicio chequeo final, antes del lanzamiento.
-Adelante.
-Citropendochómetro rumínico cascatotetoencendido.
-Ok
-Chmonélidominipiperdo tricotérido zambatutti cargado.
- Ok.
-Teterete zarabatata karatecaloco en ON.
-Teterete uno, o teterete dos?
-Teterete dos. El uno lo prendo arriba.
-Ok. Siga.
-Zanganador chanchetelínico prerrafaelista en verde.
-Ok.
-Tanque de gansometronio ardenlosojo lleno.
-Ok.
-Cepillo de dientes y dentífrico, en mi bolsillo.
-Ok.
-Mentirodorizador cargado.
-Ok.
-Pasaporte actualizado.
-Ok.
Calzonciloonadadores zonzónicos prendidos.
-(...)
-Me copia Jiuston?
-Jiuston?
-Acá estoy comandante, estaba pasando un trapo sobre la consola que
era una mugre. ¡Me repite?
-Calzoncillonadores zonzónicos prendidos.
-Ok.
-Bueno, estamos me parece. Vamos?
-Comandante, ¡fue al baño?Mi re que la vuelta es larga.
_Negativo. Es que me da fiaca, ahora que me puse el traje, el casco, el
mamelucorrififichoni...
-¡Y si le dan ganas?
-Paro en cualquier lado. Espacio tengo.
-Ok. Ignición. Traiga alfajores.
10-9-8...

lunes, 6 de abril de 2020

El candidato - Jorge Londero

Mi amigo Carlos Fader me contó esta historia que tuvo lugar en Capilla de Sitón. 
Resulta que ese pequeño pueblito del departamento de Totoral se había quedado sin políticos y nadie quería ser candidato a jefe comunal. 
El senador y el presidente del partido ya se habían cansado de recorrer los ranchos y recibir las negaciones. Estaban por emprender el regreso y asumir su derrota cuando encontraron, bajo la sombra de un mistol, al que a esas alturas se les antojó como el mejor candidato: el Froilán, inimputable personaje que se había convertido en un detalle más en el paisaje lugareño, un símbolo de la tranquila vida de pueblo y de la supervivencia a base del descanso y trago, trago y descanso. 
Lo despertaron de su siesta, lo bañaron, lo peinaron, lo metieron dentro de un traje ajustado, le cerraron la camisa hasta el cuello y hasta le pusieron una corbata y unos zapatos lustrados con exageración.
Así transformado, lo llevaron al acto patrio de la escuela, donde lo presentarían en sociedad como el candidato “ideal” de Capilla de Sitón. 
Lo sentaron en una mesa junto a las autoridades educativas y le sirvieron chocolate caliente, líquido al que miró con desconfianza hasta que el senador le ordenó: 

–Hay que tomarlo, hombre. Primera lección para ser buen político: acepte de gusto todo lo que le conviden. Froilán tomó sin respirar. 
La “señorita” directora estaba en lo mejor de su discurso cuando irrumpe en el salón un cuatrero que hacía rato buscaba la Policía. Transpirado, miraba para todos lados, como buscando ruta para seguir su escape. Se entretuvo más de la cuenta, el cabo Vázquez le dio alcance y lo detuvo con un tackle. 
El presidente del partido aprovechó la confusión y, mientras reducían al delincuente entre tres agentes, señaló: 
–Brillante y oportuno ejemplo para nuestros educandos, un delincuente, cuatrero y pendenciero como éste, detenido frente a todos los alumnos, en tan doméstico acto público. 
–Cierto, muy cierto– se sumó el senador. Y para dar pie al nuevo candidato y completar la presencia discursiva de los políticos presentes, agregó: 
–Este delincuente merece un castigo ejemplar, ¿qué sugiere usted para el caso Froilán? 
El aludido se asustó al principio, abrió sus ojos como el dos de oro y tomó aire para contestar. El tiempo que tardó sirvió para insertar suspenso y ansiedad en los presentes. El cuatrero miró la atención que había puesto el auditorio y tembló ante la posibilidad de un castigo insoportable. Y entonces Froilán emitió la célebre frase que aún se utiliza en la región. –Bañenlón, peinenlón y denle chocolate caliente. 


Jorge Archi Londero es un joven escritor y periodista cordobés, nacido en 1962. Las historias de Don Boyero han aparecido sistemáticamente en los últimos años en el diario La voz del interior de Córdoba. Selecciones de estos relatos están recopiladas en dos libros: Las Historias de Don Boyero y Lo mejor de Don Boyero (Ediciones del Boulevard, Córdoba, 2003) de donde se tomó este cuento.