EL CORAZÓN DEL OVILLO
«Repasar los recuerdos es como tirar del hilo de un ovillo.
La vida es como un ovillo de lana
bien enrollado, apretado, redondo. Buscas la pista del hilo escondido, la que
está al fondo. La que has dejado suelta para que asome al final. Tomas ese
extremo y tiras, y suavemente van desenroscándose las primeras vueltas, las que
un día formaron el corazón del ovillo. Tiras
y tiras. El hilo se desliza por tus dedos, se desliza áspero o sedoso, depende
de su calidad.
Así la propia vida. Me gusta tirar del hilo, y
cuántas veces me canso, me agoto y abandono. Otras, no sé dejarlo. Me produce
una exaltación especial sentir el roce de lo vivido entre los dedos. Esas
variantes en el efecto de los recuerdos dependen de muchas cosas, hasta del día
que hace. Con sol, todo parece diferente. Brilla el sol y el hilo corre sin
sentir, allá van los momentos alegres, saltan juguetones, ríen entre tus dedos.
Pero
luego están los días nublados, los cielos amenazadores, la lluvia persistente y
monótona, que aísla al mundo de ti y te empuja al último rincón, el más
protegido de la casa. Esos días el hilo se desprende de los dedos y ahí se queda,
abandonado, responsable de sombras pasadas. Detenido en un hilo de la lana o
trabado en un punto difícil del recuento.»
Josefina Aldecoa (La fuerza del destino)
